La disolución

La última actuación de los Iruña´ko se produjo el 4 de febrero de 1965 en Tudela. Fue una gran sorpresa para los aficionados la inesperada decisión tras la fama cosechada por el grupo en medio mundo. Sin embargo está decisión fue también una sorpresa para algunos integrantes del grupo. Cuando se decidió la disolución del grupo no todos estaban de acuerdo.

“Lo propusieron Alberto y Joaquín en Madrid. Para mí fue un bombazo y se me cayó el mundo encima”, señala Iñaki Astondoa. De opinión similar es Enrique Abad, que estuvo varios años sin escuchar música de Los Iruña´ko tras el disgusto que significó el fin del grupo.

Los periódicos navarros se hicieron eco de la disolución, y pronto surgieron los rumores sobre si la formación podría continuar con nuevas incorporaciones. No fue así. Tras nueve años de actividad musical y cuatro de éxito internacional, los componentes de Los Iruña´ko se adaptaron a sus nuevos roles. No obstante, para ellos no fue tan fácil. “Pasamos una época muy dura, muy difícil. Primero, por la adaptación a unos modos de vida radicalmente opuestos. Llegaban las diez, las once de la noche y no sabía qué hacer, a dónde ir -recordaba Joaquín Zabalza en una entrevista publicada en Navarra Hoy el 29 de mayo de 1983-. Y en lo económico, te puedes imaginar. Antes te llamaba, por ejemplo, el presidente del Centro Asturiano en México, firmabas un contrato y ganabas en una noche cien mil pesetas de las de aquellos tiempos. De eso pasabas a cobrar 16.000 pesetas cada final de mes, te quedabas mirándolas y pensabas: pero si esto lo ganaba antes en un cuarto de hora”. Pero tampoco había olvidado la otra cara en la moneda, ni siquiera llegó a arrepentirse de su decisión. “No, porque cuando estábamos en Washington -recordaba-, nos acordábamos continuamente de Pamplona, de nuestra gente. Solíamos comentar: ahora un pote en la calle Jarauta...”. Enrique Abad, el más reacio de los cinco a la disolución del grupo, recuerda todavía lo duro que fue aquel momento: “Dejé de escuchar música del grupo durante años y me aislé para superar aquel duro momento”. También resultó difícil de aceptar para Iñaki Astondoa: “Fue muy doloroso. No quería ni hablar de música, pues dentro de mí existía una gran desilusión. Decidí marcharme a Estados Unidos y comenzar una nueva vida. Me costó acostumbrarme a no estar en contacto con el grupo y a no seguir actuando. Afortunadamente, conocí a un madrileño, Carlos Roda, que me ayudó a regresar al mundo de la música. Formamos un dúo y estuvimos muchos años actuando en una sala de fiestas llamada Alameda Room”.

 

Enrique Los Arcos recuerda que él era el único soltero cuando se tomó la decisión de disolver el grupo, y que sabía que el día que se casasen Los Iruña´ko el grupo terminaría. “Así se lo decía a mis compañeros”,recuerda. Joaquín Zabalza vivió todo aquello como una aventura juvenil.

 

Cuando volvieron a Pamplona, y contrariamente a lo que pueda pensarse,
Los Iruña´ko no eran millonarios. “Lo gastamos todo -recordaba Joaquín
en esa entrevista-, porque el ritmo de vida de un artista es terrible hasta que
no amontonas algo. Y a nosotros no nos dio tiempo porque nos retiramos
antes. Y concluía: “Nos vinimos para aquí a tomar potes en San Gregorio, a
comer magricas de la matanza en Guerendiain. Regresamos porque aquí estaba nuestra ciudad, nuestros amigos, nuestras mujeres, nuestros hijos...”.
En el momento de la disolución del grupo ninguno de sus componentes era consciente de que la música que ellos habían interpretado en los escenarios de más de veinte países de Europa y América iba a ser la misma que se iba a escuchar 50 años después en os Sanfermines de su querida Pamplona. De hecho, muchos jóvenes y no tan jóvenes que dicen no saber quiénes son Los Iruña´ko, conocen gran parte de las canciones de su repertorio.

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