El Grupo: Los Iruña'ko

Los dos primeros años del grupo (1954-55) estuvieron dedicados a la investigación, a los arreglos y a los ensayos. Los cuatro jóvenes fueron arreglando los himnos de las peñas y otras piezas sanfermineras. Hablaron en infinidad de ocasiones con el maestro Turrillas -autor del 90% de los temas que puso a su disposición todas las partituras. Una vez realizado ese trabajo, el grupo disponía ya del repertorio adecuado como para dar su primer concierto basado en la música sanferminera y el folclore navarro. Fue el que tuvo lugar en Alcoz y que tanto impresionó a Fermín Orzanco. Animados por tan buena acogida, ofrecieron varios recitales más, siempre ante pequeños grupos de espectadores.

 

El cambio de rumbo definitivo se produjo en 1956, cuando desde Casa Arilla-la tienda de música ubicada en la calle Zapatería 58, donde compraban los instrumentos porque les daban crédito- les pusieron en contacto con el señor Flores, representante de la Casa Columbia. Así lo hicieron y se les ofreció la posibilidad de grabar algunos temas en un estudio de San Sebastián. Ni cortos ni perezosos, cantaron los himnos del Muthiko, Oberena, Irrintzi, La Única y Los del Bronce, además de una estampa de Navarra y dos jotas, la mayor parte con las partituras del maestro Turrillas. Poco después harían lo propio con los de Anaitasuna, La Jarana, Bullicio y Alegría de Iruña. Era la primera vez que se grababan las canciones que todavía hoy alegran las calles durante las fiestas de San Fermín. Fue un gran éxito, del que se hicieron eco las emisoras de radio de Navarra, que reprodujeron una y mil veces aquella música.

 

Durante la grabación se produjo la primera anécdota de las muchas que acontecieron a Los Iruña´ko a lo largo de su breve pero intensa historia. El maestro Tejada, director de la Casa Columbia y hombre muy reputado en aquel momento, dio su aprobación a la primera canción y felicitó al grupo; sin embargo, ellos no estaban conformes y solicitaron que se les permitiera repetirla. Con el siguiente himno volvió a ocurrir lo mismo, y con el tercero, y con el cuarto... Al final, el maestro Tejada,en vez de dar su aprobación, les decía: "Ya dirán cuando están satisfechos, pues ya veo que sobra mi intervención. Son ustedes bastante más exigentes que yo".

 

Fue entonces cuando nació el estribillo más célebre de los muchos que alegran las fiestas de San Fermín. Los Iruña´ko acababan de grabar el himno de La Única y en la casa de discos les dijeron que la grabación se había quedado algo corta y necesitaban que se añadiera algo más. Era, lógicamente, la época de los discos de vinilo. Joaquín, director artístico del grupo, era quien se encargaba de los arreglos. Acompañado de Enrique Los Arcos y su acordeón, se puso a ello. ¿Qué se podría añadir? Tras darle algunas vueltas a la cabeza encontró la idea, inspirándose en un amigo, Miguel Echenique, que había resultado herido en uno de los encierros de los Sanfermines de ese año. A San Fermín pedimos / por ser nuestro patrón / nos guíe en el encierro / dándonos su bendición. Acababa de componer,sin saberlo, el cántico que los mozospamploneses entonan en tres ocasionesbajo la imagen del Santo, en la cuesta de Santo Domingo, antes de que se inicie cada uno de los encierros.

 

El grupo no paraba de crecer musicalmente. Sus éxitos provocaron importantes cambios, que supusieron la incorporación a finales de 1956 del tenor Enrique Abad, de Cintruénigo, que cantaba en Los Trinos Cirboneros, y que para entonces acumulaba ocho campeonatos navarros de jotas (siete individuales y uno por parejas, con Julián Ayala). Con esa voz de tenor, el grupo daba un indudable salto de calidad que le iba a venir muy bien para la etapa que se avecinaba. Enrique Abad tenía 23 años, y llevaba ya nueve estudiando música, primero con el director de la Banda de Música de Cintruénigo, Antonio Martínez Caraciolo, “Caparroso”; y después con Daniel Zamora, director del coro y organista de la Parroquia San Juan Bautista de su pueblo natal. Enrique Abad formó parte del coro hasta 1956, cuando se incorporó a Los Iruña´ko. Por aquel entonces, Enrique Abad había creado el grupo Los Trinos Cirboneros, cuyos componentes, en distintas etapas, fueron: Fabiano López Jiménez, Pedro Gil Alfaro, Valentín Trincado Martíne, Julián Chivite Jiménez, José Chivite Garbayo, José Chivite Guardia, Félix Jiménez Fernández y Enrique Abad Virto.

 

Los protagonistas recuerdan aquella época, en la que ensayaban en casa de Alberto Huarte, en el salón del primer piso del número 54 de la calle Mayor. Había que acoplar voces e instrumentos, realizar arreglos, practicar coreografías y aprender temas internacionales de actualidad que, pensaban ellos, les podían abrir muchas puertas. Aesos ensayos acudían Don Cándido, padre de Joaquín Zabalza, el maestro Remacha, Luis Morondo y algunas amistades del padre de Alberto Huarte. Todavía recuerda Enrique Abad cómo él se desplazaba los sábados por la mañana desde Cintruénigo en el autobús de Arga. Eran tres horas interminables de viaje, en las que el chófer lo mismo recogía un paquete por el camino para entregarlo a alguien a su llegada que paraba para tomar un café en el momento en que le parecía oportuno.

 

En casa de Alberto Huarte siempre le recibieron como si fuera uno más de la familia y, de hecho, pusieron una cama a su disposición. El padre de Alberto, José María Huarte, le trataba de convencer una y otra vez para que, en lugar de "perder el tiempo" con Los Iruña´ko, explotara su torrente de voz y se dedicara a cantar música lírica en solitario. Fue en vano, a Enrique Abad lo que le gustaba era Los Iruña´ko, y además había encajado muy bien tanto con sus compañeros como con la filosofía del grupo.

 

Aquellos tres ilusionantes años (1954-56) servirían para sentar unas sólidas bases de cara al posterior éxito del grupo y, al mismo tiempo, para diferenciarse de los demás conjuntos que trataban de abrirse camino en el difícil mundo de la música. Al grupo le surgió la oportunidad de realizar un viaje a Madrid para realizar una prueba. Allí les vio el empresario Jorge Heredia Mendieta, que después fue siguiendo su trayectoria y sería, finalmente, quien les propondría saltar el charco y actuar en México. La empresa Circuitos Carcellé, que llevaba entonces el Circo Price, les propuso que se quedaran tres o cuatro meses en Madrid para actuar a cambio de 500 pesetas diarias para los cinco. Estudiaron la propuesta y, pese a que calcularon que con esa cantidad podrían sobrevivir, la desecharon.

 

En aquella etapa, Josecho García tomó la decisión de abandonar Los Iruña´ko por motivos personales y familiares. Sus compañeros pensaron en Iñaki Astondoa como sustituto. Lo conocían, entre otras cosas, de verle ganar premios en el concurso organizado por Los Amigos del Arte -primero en la categoría de jotas infantiles y, años después, en la de melodía moderna-. En aquel momento, Astondoa formaba parte del Trío Guanacay -con José Luis Osés y José Luis Aldave-, y delOrfeón Pamplonés. La afición le venía de lejos, ya que antes de cumplir los seis años cantaba en el coro de la parroquia de San Lorenzo. Estudió violín en la antigua Academia de Música y formó parte de la Escolanía de San Antonio y del Orfeón Pamplonés.

 

También tuvo un breve paso por el grupo Blanca Loma antes de constituir el Trío Guanacay. Alo largo de esos años participó en el Congreso Mundial de Niños Cantores con la Escolanía y realizó viajes por España, Francia y Portugal con el Orfeón. Ala vuelta de uno de estos viajes -a Zaragoza, donde actuaron en las fiestas del Pilar de 1957-, Astondoa sufrió una fuerte gripe, que le mantuvo varios días en cama. Uno de esos días, fueron a visitarle Alberto y Joaquín y le propusieron que formara parte de Los Iruña´ko. “Fue una bomba, una gran alegría, pues se abría un mundo lleno de ilusiones, una gran aventura”, recuerda. “Jamás pensé que esta unión iba a traer tan enormes consecuencias, ya que ni en lo más remoto de la imaginación pensamos que pudiéramos llegar adonde lo hicimos”. Su fichaje fue uno de los mayores aciertos de la historia del grupo, ya que Iñaki Astondoa se reveló como un showman y maestro de ceremonias excepcional, y fue el alma del grupo en el escenario. Los medios con los que contaban eran muy limitados y se veían obligados, por ejemplo, a practicar las coreografías mirándose en un espejo que había en el salón de casa de Alberto Huarte. ¡Quién lo diría viéndoles en el escenario! Fueron un grupo bastante pionero en su apuesta por la coreografía, algo que todavía no estaba muy arraigado entre los grupos de la época, y cuya importancia, sin embargo, Los Iruña´ko tenían muy clara. Esa sería, junto a su calidad musical, una de las principales razones de su éxito posterior: ningún grupo cuidaba tanto en aquel momento la puesta en escena como ellos.

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