Alberto Huarte

Alberto Huarte nació el 18 de octubre de 1926 en Washington -"accidentalmente", como él mismo se apresura siempre a subrayar-, pero se siente pamplonés. Procedía de una familia de larga tradición musical. Su abuelo, también llamado Alberto, era amigo de Sarasate, con quien mantuvo una larga relación epistolar. Su padre, José María Huarte, era un destacado concertista y profesor de violín, que se casó con una de sus alumnas, Elena Myers, que después fue profesora en la Universidad de Harvard. Poco después de nacer Alberto, a su padre le surgió la oportunidad de realizar una gira por Europa. El matrimonio tomó una decisión salomónica: la madre se quedó en Estados Unidos con un hermano de Alberto -John, dos años mayor que él-, mientras que su padre regresó a Pamplona con Alberto, donde les esperaba su hermana, Manolita. Dada la ocupación de su progenitor, que se veía obligado a viajar con cierta frecuencia, a Alberto en muchas ocasiones le cuidaban sus familiares.

 

Resulta difícil de comprender en esta época, pero lo cierto es que Alberto no volvió a ver a su madre y a su hermano hasta 32 años después, en 1962, cuando viajó a Estados Unidos con Los Iruña´ko. Fue un encuentro emocionante, pese a que su hermano John hablaba inglés y Alberto se apañaba como podía en esa lengua.

 

Obtuvo el título de perito y profesor mercantil y pasó por la tuna y el Trío Iberia antes de cofundar Los Iruña´ko. Dejó su trabajo de contable en una clínica para embarcarse en la aventura americana. Cuando tomó el avión, llevaba trece meses casado con María Rosario Solchaga, y acababa de tener su primera hija, Mari Carmen. Después vendrían otros dos: José Mari y Charo.

Alberto cantaba de bajo y tocaba la guitarra. Todos los que le conocen lo definen como una persona excepcional, entregada a los demás y que necesita tener su propio espacio. Fue quien animó a los restantes miembros del grupo a probar suerte en Madrid, y también quien puso su casa a disposición de Los Iruña´ko para los centenares de ensayos que celebraron. Su carácter, es bromista y muy despistado, le convirtió en el principal "generador de anécdotas" durante la estancia del grupo en América. Entre otras cabe resaltar, por ejemplo, el despiste que le llevó a saltar una valla y colarse en un convento de monjas en la ciudad mexicana de Torreón. O esa vez que dio un salto en un escenario en México y aterrizó de bruces en el suelo, y al terminar, uno de los asistentes reclamó: "Que repitan la de que se cae el chaparrito". U otra en la que, durante una entrevista en la televisión de Puerto Rico, el presentador le felicitó por el nacimiento de su hijo y le preguntó: "Cuánto tiempo hace que no ve a su mujer". Y Alberto, sin inmutarse, le respondió: "Año y medio".

 

Era el componente del grupo de mayor edad, y fue quien animó a sus compañeros a lanzarse a la aventura madrileña, que luego les daría la oportunidad de viajar a México. Ytambién quien primero se planteó la posibilidad de disolver el grupo en lugar de regresar a Estados Unidos para seguir actuando. Una vez tomada esta decisión, Alberto trabajó en el banco Fidecaya, dio clases de guitarra, impulsó el gimnasio Shotokan -que fue uno de los introductores del kárate en Navarra- y, años después, abrió un negocio de cuadros y molduras en la calle Mayor. Mató el gusanillo de la música dando rienda suelta a una afición que todavía hoy conserva: cantar con los auroros.

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