El pamplonés Enrique Los Arcos nació el 2 de febrero de 1933. Le tocó vivir una infancia dura, en plena posguerra y con una familia muy numerosa -eran ocho hermanos, aunque uno de ellos murió-. En su casa, como en la mayoría de las de aquella época, había más demanda que oferta de alimentos, y a Enrique le tocó ir a vivir durante cuatro años -desde los 10 hasta los 14- con unos tíos a Espronceda, un pueblo situado en Tierra Estella, donde asistió a la escuela. Le gustaba mucho la música, pero no pudo hacer sus pinitos hasta que vino vivir a Pamplona. Quería aprender a tocar el acordeón, como su tío Juanito. Por ello recibió clases de teclado, que luego aplicaba al acordeón.
Pese a su juventud, Enrique tenía que trabajar, y lo hizo primero en la Librería Los Arcos, propiedad de su familia -en la que alqui- laban novelas y cogían puntos a las medias, entre otras cosas-, y después en Las Tres Zetas. Aún recuerda cómo disponía de dos horas a mediodía para comer y acudir a su clase de música con el matrimonio que formaban Don Alfredo y Doña Celia. Y también cómo se desplazaba con su acordeón, que pesaba doce kilos, desde la Plaza del Castillo hasta San Lorenzo.
Formó parte del grupo Los Nocturnos, que actuó en diferentes localidades de Navarra, antes de constituir Los Melódicos. Tenía 17 años, y sus compañeros eran Santamaría -luego sustituido por Aguirre-, Elorz y Osés. Tocaban canciones de folclore local, y coincidieron con el Trío Iberia en un concierto benéfico celebrado en la Rochapea al que acudieron varios grupos. La pujanza inicial de Los Melódicos se fue difuminando y en ese momento le propusieron integrarse en lo que entonces era el germen de Los Iruña´ko. La Casa Columbia les acababa de pedir que fueran a grabar varias canciones y necesitaban un acordeón para que el folclore navarro sonara como tal.
Desde su incorporación a Los Iruña´ko, a finales de 1953, vio crecer al grupo tanto musical como numéricamente. Junto a Joaquín y Alberto, puso las bases del grupo, al que después se incorporarían Enrique Abad, en 1956, e Iñaki Astondoa, en 1957. Subraya la buena sintonía que hubo en todo momento entre los cinco componentes del grupo y también la honradez que les caracterizaba. "Cuando nos fuimos a México teníamos deudas con el sastre, el propietario de la tienda de los instrumentos, el zapatero... Nos veían tan buena gente que nos fiaban todo. Y no se equivocaban, porque en cuanto empezamos a percibir mayores cantidades de dinero pagamos hasta la última de nuestras deudas. No dejamos a deber ni un duro a nadie".
A Enrique le apodaban "El Sonrisas" -Iñaki Astondoa lo definía como "representante de pastas dentífricas" cuando presentaba a los componentes el grupo en el escenario- porque en su rostro siempre se dibujaba una, daba igual en el escenario que en la vida diaria. Viajó soltero a América, y a su vuelta se casó con Amparo Sevillano, con quien ha tenido dos hijos, María Pilar y Moisés. Al terminar la trayectoria de Los Iruña´ko, invirtió los ahorros que acumuló durante la gira por América en la apertura de un negocio de hostelería -el bar Las Vegas, en la calle Estafeta-, que mantuvo hasta su jubilación.
